[ES] Ágoras y Silencios: Una crónica

Iago Robles

[ES] Giovanna Del Giudice y Franco Rotelli (compañeros de Franco Basaglia) han venido para explicar, en diferentes actos y con diferentes formatos, el proceso de cierre de los manicomios en Italia, las luchas sociales que llevaron en aquella época, las que siguen llevando en la actualidad… Realizan además visitas a centros públicos y privados de la Comunidad de Madrid. El jueves a las 19 hay convocada una reunión, en principio de colectivos activistas en Salud Mental, para compartir inquietudes y el estado actual de la cuestión en esta parte de Europa. Llego del tren justo con tiempo para tomarme una cerveza antes de empezar y recorrer el Matadero de Madrid, gigantesco(s) espacio(s) reconvertido para la vida cultural de la ciudad.

Nos reunimos en la sala Terneras, pienso en la sincronía con el estado de efervescencia social que siento últimamente en este (y otros) campos de lo humano. Algo joven y hermoso vuelve a nacer. Otra vuelta de espiral en la historia. Esta vez participo de ella, no sólo la he leído.

La sala es amplia y diáfana. Hay un círculo central de sillas. Nada más. Un Ágora donde sentarnos a compartir. Cuento casi 60 personas, en equilibrio de género. Lo que parecía un encuentro activista se tiñe con otros colores, para dar más riqueza al encuentro. Representantes de instituciones de salud mental de Madrid, tanto de la esfera pública como asociativa, se acercan a escuchar y compartir con Franco i Giovanna.

Tras la presentación del espacio por parte del equipo moderador, comienza un baile en que Giovanna y Rotelli, comparten cómo fue el proceso que llevaron a cabo en Italia Basaglia y todos los profesionales que lucharon la batalla contra los manicomios y su encierro con la máxima: “La libertad es terapéutica”.

Me llama la atención como señalan la importancia de encontrar “técnicos y políticos inteligentes” que puedan unirse por una “ética” con la que poder cambiar las cosas. La necesidad de los cambios estructurales, legales, administrativos, políticos, burocráticos, en fin, macropolíticos, como palanca fundamental para el cambio.

El primer aplauso, blando y tímido, del grupo se produce cuando Giovanna acaba una frase con la necesidad, para los trabajadores de este campo, de “no perder la capacidad de indignarnos ante la violencia”.

Qué pasa, me pregunto. Yo no he tenido ganas de aplaudir. Y no dejo de indignarme ante la violencia diaria en los sistemas de salud mental. Y aunque trate cada vez más de alejarme de los lugares donde la violencia es más explícita, no acabo de poder cabalgar la contradicción sin romperme por dentro…

Aqui encuentras el resto del texto: Ágoras y Silencios: Una crónica

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